Freud y Marx

Freud y Marx
la sociedad del espectaculo

viernes, 11 de junio de 2010

Los intelectuales no saben conquistar.


Los intelectuales no saben cortejar a las mujeres. Digo “cortejar” ya que mis amigas -lesbianas y feministas- se podrían enojar, reclamando que las mujeres no se conquistan, que son los ejércitos liderados por tiranos falócentricos quienes conquistan a pueblos y a otros ejércitos. Pero al menos esta tropa (la de los intelectuales) no reconoce estrategia alguna, vanguardia o retaguardia, y solo se entrega al enemigo para que lo ataquen de frente y costado.

Mi mejor amigo aún es virgen, y ya se fue de la casa de sus padres o mejor dicho madre, ya que como la mayoría en este país, creció bajo el sustento sólo de la mamá, pues el padre un día decidió no visitarlo más y rearmar su vida en forma paralela (un clásico de la anatomía antropológica de la sociedad chilena). Y él -mi amigo- es a lo que yo considero un intelectual. El dato que este sea virgen no es menor, y esta proporcionalmente correlacionado a que este no es un seductor y que las mujeres quizás los prefieren “onderos” y el que se hubiese ido de la casa supondría -como dicen en el relato popular- un indicador de una vida sexualmente más activa. Sin embargo estos dos indicadores, no nos ayudan a comprender nada, es caprichoso decir que las mujeres los prefieren de una u otra forma y que sólo por tener un techo independiente de la “Gran Mujer” uno se vuelva más irresistible.

Marco Aurelio, escribía en sus memorias que uno se puede pasar una vida tratando de entender un libro, pero solo (vivir) la vida te hará comprender el libro. Un aforismo muy practico a la hora de criticar el comportamiento de mi amigo y su tropa de compañeros; su parada de que no salir los fines de semana a la alienación del sistema, no bailar en fiestas música comercial –como si Beethoven no pensaba en vender sus obras- o toda su articulación discursiva contra lo que la mayoría de los mortales entendemos como “diversión”, los proyecta como una piedra arrojada al vació envuelta en un papel gris.

Para mi amigo leer a Benedetti es un acto de deshonra y citarlo en algún encuentro es un harakiri imposible de perdonar. Este espera que las mujeres solas le reconozcan sus grandes atributos, su capacidad de comprensión, su entrega dantesca, su feminismo-liberal y su trofeo de ajedrez como símbolo fálico de intelectualidad.

Es raro, las grandes mentes de la humanidad postulan (de una u otra forma) la reproducción de la sociedad material, pero ¿reproducirla de que forma? ¿Ideológicamente? No señores Marx, Kant, Heidegger, Camus; la única forma que yo conozco de cosificar, cambiar y reproducir la sociedad es cortejando, seduciendo y hasta a veces amando a las mujeres.


Mientras tanto mi amigo seguirá esperando que llegue su princesa azul (porque son ellos los únicos –y no las mujeres como nos hacen creer en los cuentos- los que creen aún en la magia) que los rescatara envueltos en el papel gris manchado de letras más cursis que las que pudiese escribir Benedetti o Neruda.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Puede que sea cierto, aunque yo no lo creo. Es mas, un análisis empírico demuestra que lo que tú dices esta errado. Cuando haz visto a un intelectual sin una mina rica al lado. Una ex me dijo - la vida intelectual es la mejor para tener mujeres no necesitas tener un buen físico para estar con una mujer u hombre-. Parece que me quiso decir que era feo ajajajajaja.

Después me explayo, ahora tengo que volver al estudio.

sintimonYaladeriva dijo...

jajaj notable...eso si es peligroso exponer al mejor amigo ante la turba popular que considera HORROROSO conservar la virginidad pasado los 18.....un besO jOven lumpen